El mal de altura: Qué es y cómo tratarlo

mal de altura

El mal de altura lo puede sufrir cualquier persona que ascienda rápidamente alturas de más de 2.400 metros. Diversos deportes como escalada en hielo, alpinismo, esquí de travesía, marcha nórdica, trail running, mountain bike, o actividades relacionadas con el turismo, involucran tales ascensiones.

Cuando viajamos a zonas muy altas conviene saber qué es y qué hacer para evitar el mal de altura, de modo que la ascensión sea lo más segura y placentera posible. En este artículo te explicamos a grandes rasgos en qué consiste y cómo puedes tratarlo. ¿Nos acompañas?🤗

Índice de contenidos

    ¿Qué es el mal de altura? 😵🏔️

    A este mal se le conoce también como mal de montaña, mal de páramo, soroche o mal agudo de montaña. Tal y como hemos comentado al comienzo de este artículo, el mal de altura puede sufrirlo cualquiera que se encuentre a una altura superior a 2.400 metros.

    Sin embargo, las personas que viven a 900 o menos metros sobre el nivel del mar son más propensas a sufrirlo, por no estar acostumbradas a esas altitudes. También quienes no tienen mucha actividad física, pero entendamos que hay personas más sensibles que otras.

    Lo causa la falta de oxígeno en el aire, pues a medida que subimos la presión atmosférica y del oxígeno disminuyen, por lo que hay menos oxígeno que respirar.

    Cuando no suministramos suficiente oxígeno al organismo se produce lo que se llama hipoxia (estado de deficiencia de oxígeno en sangre, tejidos y células del organismo, que puede producir un compromiso en las funciones del mismo).

    Quienes ascienden frecuentemente montañas muy altas, saben que hay que tener cuidado, pues el mal de altura puede causar desde mareos hasta edemas pulmonares o cerebrales a causa de la altitud.

    Síntomas del mal de altura

    Los síntomas del mal de altura son temporales, y pueden aparecer algunas horas después de alcanzar una región con gran altitud. A medida que nos aclimatamos a la altura, los síntomas van remitiendo.

    Suelen aparecer con más fuerza cuando se asciende rápidamente desde bajas altitudes, hasta por encima de los 2.000 metros, incluso cuando ya se han pasado los 3.000 y se sigue subiendo.

    Los síntomas más comunes suelen ser: Mareos, vómitos, dolor de cabeza, cansancio o debilidad, ausencia de apetito, nerviosismo, y pueden aparecer algunos trastornos del sueño como insomnio, somnolencia o episodios de disnea súbita nocturna.

    Si estamos a una gran altitud, más de 3.000 metros sobre el nivel del mar, podríamos sufrir de hinchazón de la cara, manos y pies, sentir una gran dificultad para caminar o ver, e incluso tener un aumento del ritmo cardíaco.

    Como comentamos antes, los síntomas más graves llegan hasta al punto de producir edemas en los pulmones o en el cerebro, por lo que hay que bajar a cotas más bajas lo más rápido posible.

    Consejos para evitar el mal de altura

    1. En primer lugar deberemos aclimatarnos, es decir, acostumbrarnos poco a poco a la altitud. Esto significa que si somos escaladores, alpinistas o turistas de trekking, debemos subir progresiva y lentamente para que el organismo vaya adaptándose.

    2. La Unión Internacional de Asociaciones de Alpinismo (UIAA) establece que la altitud máxima al día es de 300-350 metros una vez alcanzados los 3.000, y tomarse un día de descanso cada 3 o 4 días sin ascender.

    3. Otra cosa que se debe hacer es descansar, dormir 8 horas y no hacer demasiados esfuerzos físicos. Además, hay que estar bien hidratados, se recomienda beber entre 3 y 4 litros diarios de líquidos (nunca alcohol), tener una dieta ligera rica en carbohidratos y aporte de glucosa.

    4. Algo fundamental: No se debe seguir ascendiendo si los síntomas no han desaparecido, pues esto podría terminar en una situación fatal. Si persisten los síntomas cuando estamos en reposo, la mejor decisión es descender.

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